En una reforma, la instalación eléctrica es de las pocas cosas que conviene no dejar a medias: es barata comparada con el resto de la obra y carísima de rehacer después, cuando ya hay alicatado, pintura y muebles montados.

Planteamos la reforma eléctrica a partir de cómo se va a usar la casa, no de cómo estaba antes: dónde va la televisión, si la cocina será de inducción, cuántos aparatos de aire acondicionado habrá, si hace falta previsión para punto de recarga.

Cuando no hay obra, trabajamos en la medida de lo posible aprovechando canalizaciones existentes o con soluciones vistas de calidad, para reducir el destrozo.